Malvinas: el día que Thatcher pensó que podían perder la guerra y decidió atacar al continente para destruir aviones y eliminar a los pilotos
Malvinas: el día que Thatcher pensó que podían perder la guerra y decidió atacar al continente para destruir aviones y eliminar a los pilotosEl ataque al destructor Sheffield con misiles Exocet generó una conmoción política y militar. Desnudó la debilidad de la defensa británica: si se impact
Hundimiento del Sheffield Guerra de Malvinas 4 de mayo 1982
El 4 de mayo de 1982, dos pilotos de la Aviación Naval golpearon sobre el destructor con el misil Exocet, lanzados desde aviones Super Étendard. Los pilotos Augusto Bedacarratz y Armando Mayora habían dado en Sheffield. Cuando aterrizaron en la base de Río Grande aun no sabían del éxito de su misión. Juntos comenzaron a relatar la misio├î┬ün en un papel en la sala del hangar y luego la pasaron en limpio en el casino de oficiales. Bedacarratz recordaba los detalles de la accio├î┬ün, Mayora aportaba los suyos y los escribi├î┬üa. Fue en ese momento que en la sala se intercepto├î┬ü la radio BBC y escucharon la novedad. El gobierno brita├î┬ünico reconoci├î┬üa, a las cinco de la tarde hora brita├î┬ünica, que el Sheffield habi├î┬üa sido atacado por un misil y la accio├î┬ün habi├î┬üa provocado veintido├î┬üs muertos y una cantidad indeterminada de heridos. El destructor todavi├î┬üa se estaba incendiando.
En La Guerra Invisible, Marcelo Larraquy revela cómo en ese momento Gran Bretaña decidió hacer una misión de ataque sobre el continente para destruir los Super Étendard, los misiles Exocet y matar a los pilotos alojados en la base de Río Grande.
Aquí un extracto del libro.
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(…) El impacto del misil había provocado un ruido corto y seco. Abrió un agujero de seis metros cuadrados. El Sheffield se sacudió de una punta a la otra. El primer informe oficial de la Secretaría de Defensa británica admitió que su carga explosiva había golpeado en la segunda cubierta, sobre la banda de estribor, entre la cocina, el cuarto de máquinas auxiliares y la máquina de proa, que empezaron a incendiarse. El fuego, originado por el combustible del Exocet, luego se esparció por la sección central y alcanzó el puente. El combustible se fue desparramando entre el humo negro. Si el fuego hubiera llegado al compartimento de explosivos donde se alojaban los misiles Sea Dart, el destructor habría volado en ese momento.
La defensa del Sheffield había fallado. Sin embargo, el informe puso en duda que el misil hubiese detonado. Francia, en cambio, aclaró que había funcionado en forma correcta. No quería que se sospechara de la eficacia de su creación. En la oficina de Ofema (Office franc├î┬ºais d’ex- portation de mate├î┬üriel ae├î┬üronautique), en París, festejaron el lanzamiento. Poco después, con el certificado de Combat-Proven (“Probado en Combate”), el Exocet quintuplicaría su valor de mercado.
En las ejercitaciones de mar, los destructores tipo 42 como el Sheffield tenían un margen de veinte minutos entre la detección de un avión y el impacto de cualquier proyectil que disparase. El Exocet reducía ese lapso a tres minutos. El Sheffield, además, no contaba con misiles Sea Wolf, adecuados para neutralizar misiles o aviones que se aproximaran en vuelo rasante. Su protección antiaérea, los Sea Dart, solo le permitía alcanzar blancos de altura. Una de las peticiones de la Marina Real a la Secretaría de Defensa había sido agregar al misil la capacidad de impactar a baja altura, pero había sido rechazada por falta de fondos.
El informe oficial afirmó que, poco antes del impacto, los radares de vigilancia aérea y de rastreo de blancos del Sheffield habían sido desconectados para una comunicación con satélite Skynet y la sala de operaciones no había tomado contramedidas.
Los Super Étendard habían sido detectados por el destructor Glasgow a 49 millas, 90 kilómetros del Sheffield. Los dos o tres segundos que duraron sus emisiones de radar quedaron registrados en la consola. Se veían dos contactos hostiles que se acercaban a una velocidad de 450 nudos, 833 kilómetros por hora, desde 600 metros de altura.
Super Étendard en 1982 durante la Guerra de Malvinas
Un marino hizo sonar su silbato y el grito de terror retumbo├î┬ü en la sala de operaciones: “¡Freno de mano!”. Era la clave para mencionar al radar Agave, instalado en los Super E├î┬ütendard. El capita├î┬ün del Glasgow, Paul Hoddinott, pregunto├î┬ü por el nivel de credibilidad. ¡Cierto! Entonces viro├î┬ü completamente el timo├î┬ün para reducir el margen de impacto y lanzo├î┬ü el chaff para desviar la direccio├î┬ün de los misiles, que ya habi├î┬üan sido lanzados desde los aviones.
El aviso de alerta “¡freno de mano!” llego├î┬ü a la sala de operaciones del Hermes, que navegaba 50 kilo├î┬ümetros al este. Alli├î┬ü fueron renuentes a creer en la amenaza y siguieron en alerta blanca. Lo mismo sucedio├î┬ü en el otro portaviones, el Invincible. El comandante de guerra antiae├î┬ürea pidio├î┬ü ma├î┬üs pruebas al Glasgow. Pensaban que el ataque era falso. Habi├î┬üan recibido tres o cuatro alarmas esa man├îãÆana. Continuo├î┬ü con alerta blanca, todo tranquilo, ningu├î┬ün indicio de ataque.
En tres días de guerra no se había detectado la presencia de los SUE, de modo que supusieron que su sistema de armas no funcionaba o que los pilotos no estaban capacitados para efectuar el reabastecimiento en aire. Confiaron en que no habría ataque. La alarma lanzada desde el Glasgow al resto de los buques fue tomada como un falso eco.
El grito “¡freno de mano!”, adema├î┬üs, no necesariamente implicaba un peligro para la flota.
El almirante Sandy Woodward (jefe de la flota británica) deci├î┬üa que esa expresio├î┬ün era ma├î┬üs escuchada que los “buenos di├î┬üas”. Ante cualquier ruido en el e├î┬üter, en medio de la tensio├î┬ün de la guerra, en las salas de operaciones se gritaba “¡freno de mano!”. Y pasar de la alerta blanca a la amarilla, que adverti├î┬üa de un indicio de ataque, o a la roja, que revelaba un ataque seguro, implicaba un desgaste considerable para una nave: se debi├î┬üa lanzar el chaff, despegar helico├î┬üpteros y aviones, poner a los infantes a cubrir posiciones de combate. Pero esta vez el ataque era real.
El almirante Sandy Woodward, jefe de la flota británica
El capita├î┬ün del Glasgow pidio├î┬ü que derribaran los Exocet con misiles Sea Dart, pero el control de fuego de radar no podi├î┬üa fijar la posicio├î┬ün de los pequen├îãÆos puntos blancos que cruzaban la pantalla. Se pregunto├î┬ü cua├î┬üntos segundos faltari├î┬üan para que golpearan en el centro de su nave. Sin embargo, los misiles pasaron por encima del Glasgow. Estaba a salvo. No era el eco que (los pilotos de Super Étendard) Bedacarratz y Mayora habi├î┬üan seleccionado en su radar. Tampoco lo era el destructor Coventry.
En estado de alarma, el capita├î┬ün del Glasgow llamo├î┬ü al Sheffield. No contestaron. En la sala de operaciones del destructor no detectaron ni al avio├î┬ün ni a los misiles que volaban hacia ellos. Los primeros en advertirlo fueron dos tenientes que conversaban en el puente de la nave y vieron una estela de humo a dos metros por encima del mar, que se acercaba. Estari├î┬üa a poco ma├î┬üs de un kilo├î┬ümetro. Uno de los tenientes tomo├î┬ü el micro├î┬üfono de transmisio├î┬ün. “¡Ataque de misil!”, grito├î┬ü.
Treinta y cinco an├îãÆos despue├î┬üs, el documento desclasificado de la Junta de Investigacio├î┬ün (Board of Inquiry) del Ministerio de Defensa revelari├î┬üa que “algunos miembros de la tripulacio├î┬ün estaban aburridos y un poco frustrados por la inactividad y el barco no estaba completamente preparado para un ataque”. Au├î┬ün ma├î┬üs: el oficial de guerra antiae├î┬ürea habi├î┬üa salido de la sala de operaciones y estaba tomando un cafe├î┬ü cuando los Exocet volaban hacia el Sheffield. Tampoco su asistente se encontraba en funciones. El documento desclasificado tambie├î┬ün indicaba que el radar del destructor estaba en transmisio├î┬ün con otra nave. Reconoci├î┬üa que la alerta del Glasgow se habi├î┬üa escuchado en el Sheffield, pero no habi├î┬üa generado una reaccio├î┬ün. Crei├î┬üan que el Super E├î┬ütendard no podi├î┬üa abastecerse en el aire y que no significaba una amenaza. Nadie llamo├î┬ü al capita├î┬ün, nadie lanzo├î┬ü los misiles Sea Dart para derribar los Exocet y nadie disparo├î┬ü un chaff para engan├îãÆarlos. El equipo de guardia habi├î┬üa fallado.
La pérdida del destructor golpeó a Woodward. En ese momento temió que, en medio de las tareas de rescate, el Sheffield explotara y que un submarino argentino atacara con torpedos a los barcos de salvataje que se habían acercado, el Yarmouhth y el Arrow. Llegarían a detectar nueve alarmas en el sonar.
Para completar la jornada trágica en las Fuerzas de Tareas, uno de los tres Sea Harrier que habían despegado del Hermes para atacar la pista de aterrizaje de la Base Cóndor, en Puerto Darwin, fue derribado por una batería de la artillería antiaérea con una ráfaga de proyectiles de 35 milímetros. El Sea Harrier volaba a 300 metros por segundo. En condiciones normales, los artilleros tenían apenas treinta y siete segundos para pulsar el disparo cuando lo tenían en la pantalla del radar de exploración del director de tiro. Algunos soldados de Artillería habían estudiado las siluetas de los cazas británicos de las fotos que había tomado el Boeing 707 el 21 de abril.
Uanfragata se acerca a socorrer al dañado HMS Sheffield luego de recibir el impacto del Exocet (AP)
En un anotador de rodilla del piloto cai├î┬üdo, el teniente Nicholas Taylor, la inteligencia de la FAS (Fuerza Aérea Sur) obtuvo nu├î┬ümeros de aviones en servicio y remanentes, pilotos asignados, indicativo de buques, co├î┬üdigos IFF (Identification Friend- Foe), configuraciones de armamento e informacio├î┬ün sobre la autonomi├î┬üa del Sea Harrier: ochenta minutos con despegue de rampa, y la mitad del tiempo si lo haci├î┬üa con despegue vertical.
El cuerpo del piloto británico Taylor fue sepultado con honores por una formación de soldados argentinos en un cobertizo próximo a un tambo en Pradera del Ganso. Lo enterraron junto a los ocho miembros de la Fuerza Aérea que habían muerto en el ataque sobre la pista de la Base Cóndor, tres días antes.
Woodward se sintio├î┬ü muy deprimido en la noche del ataque. Todavi├î┬üa le resonaba la expresio├î┬ün a viva voz de un oficial de su Estado Mayor en la sala de operaciones del Hermes apenas llego├î┬ü el mensaje desgraciado: “El Sheffield ha sufrido una explosio├î┬ün”.
“¡Almirante, debe hacer algo!”, le habi├î┬üa advertido el oficial.
Parecía una orden, una intimación. Y en esos dos, tres minutos de tensión Woodward no había hecho nada, dejó que los acontecimientos siguieran su curso; solo esperaba que los hombres que estaban en el destructor le pidieran lo que necesitaban. Trató de controlar sus emociones y no dejarse arrastrar por reacciones instintivas. En el momento de mayor angustia debía meditar las decisiones.
Woodward repasó su estrategia después del ataque al Sheffield: neutralizar a la Marina y la Fuerza Aérea enemigas para alcanzar la superioridad marítima y aérea; desembarcar a los hombres de la flota naval, y brindar apoyo logístico y de fuego a las fuerzas en tierra.
Había quedado en evidencia que la flota británica era vulnerable a los misiles; que sus defensas antiaéreas, frente a esa amenaza, eran débiles. La capacidad de fuego de la aviación argentina se mantenía intacta. Si no se neutralizaba, el desembarco sería imposible. Las tropas del ejército británico todavía esperaban en la isla Ascensión. Hasta que no se despejara el panorama, no había orden de traslado al Atlántico Sur.
Los Super Ëtendard y los Exocet en la base de Río Grande
Woodward cambió la táctica para mantener la iniciativa. Decidió alejar más hacia el este a su flota naval, colocarla más lejos de las bases aeronavales argentinas, y adelantó dos destructores, el Coventry y el Glasgow, a 20 kilómetros de Malvinas para estrechar el bloqueo aéreo sobre los aviones argentinos, sobre todo los Hércules C-130, que trasladaban suministros en vuelos nocturnos. Los atacaría con misiles Sea Dart para intentar cortar el puente logístico entre el continente y las islas. Y también saturaría con fuego las posiciones de los soldados en tierra.
Los cambios ta├î┬ücticos no redujeron el temor de un segundo ataque de los Super E├î┬ütendard y de la posible pe├î┬ürdida de un portaviones. A esas alturas, cualquier dan├îãÆo que afectara al Hermes o al Invincible lo obligari├î┬üa a abandonar la operacio├î┬ün militar. Una semana despue├î┬üs del ataque, mientras intentaban remolcarlo hacia las islas Georgias para repararlo, el Sheffield zozobro├î┬ü en el mar y cayo├î┬ü bajo las aguas. Fue el primer buque de guerra de la flota brita├î┬ünica hundido en combate despue├î┬üs de la Segunda Guerra Mundial.
Woodward envio├î┬ü un mensaje realista a los capitanes de los barcos. “Perderemos ma├î┬üs naves y ma├î┬üs hombres”, les anticipo├î┬ü, “pero triunfaremos”. (…)
El ataque sobre el Sheffield no solo expuso por primera vez la vulnerabilidad de la Fuerza de Tareas sino que genero├î┬ü un trauma, una convulsio├î┬ün poli├î┬ütica en Gran Bretan├îãÆa. Se abrio├î┬ü un nuevo escenario: la posibilidad de detener o poner en pausa la estrategia be├î┬ülica y dar paso a una solucio├î┬ün diploma├î┬ütica.
El jueves 6 de mayo Margaret Thatcher fue interpelada en la Cámara de los Comunes
El jueves 6 de mayo Margaret Thatcher fue interpelada en la Cámara de los Comunes. Un representante le requirió si podía hacer cesar el enfrentamiento y alentar un acuerdo de paz efectivo. Thatcher se mostró tolerante a ese propósito por primera vez. Dijo que habían respondido de manera constructiva a la propuesta de paz peruana y daba la bienvenida a la nueva intervención de las Naciones Unidas para las negociaciones. Aseguró que la vía diplomática seguía abierta pero que el obstáculo era la Argentina, interesada en el cese del fuego pero no en el retiro de sus tropas.
Otro representante pregunto├î┬ü a la primera ministra: “¿Podri├î┬üa darnos la ma├î┬üs absoluta seguridad, estoy seguro de que toda la nacio├î┬ün asi├î┬ü lo demanda, de que no habra├î┬ü una escalada deliberada en las acciones militares, ninguna escalada que interfiera con las perspectivas que ahora se vislumbran de lograr una paz real?”. Y otro insistio├î┬ü: “¿Ha venido hoy a esta casa totalmente preparada para repudiar a los miembros del Partido Conservador y almirantes y generales retirados que ahora aparecen en televisio├î┬ün diciendo que, en caso de ser necesario, se deberi├î┬üa atacar el territorio argentino?”.
Thatcher respondió que los argentinos habían escalado la crisis e invadido las islas, y que a su gobierno le tocaba continuar con las actividades militares, aun en medio de las negociaciones, para que el invasor no siguiera incrementando su poderío y reforzando sus posiciones para atacar a su voluntad.
Los pilotos de los Super Etendard
Thatcher estaba decidida a lograr una victoria militar. La maquinaria be├î┬ülica no debi├î┬üa detenerse. No sacari├î┬üa el dedo del gatillo durante las gestiones de paz. Ya no importari├î┬üa que la Argentina, pocos di├î┬üas despue├î┬üs, en las Naciones Unidas, dejaría de exigir una fecha fija para la transferencia de la soberani├î┬üa y admitiera una negociacio├î┬ün lisa y llana de la soberani├î┬üa, sin plazos perentorios.
La gestión diplomática iba y venía entre mediadores e interlocutores de ambos países, en distintos ámbitos. Se enredaba y perdía urgencia mientras la guerra avanzaba.
El 8 de mayo, en Chequers, la residencia de campo oficial de gobierno —el mismo lugar donde se habi├î┬üa decidido el hundimiento al crucero Belgrano—, se ordeno├î┬ü el traslado de las tropas terrestres de la isla Ascensio├î┬ün hacia el Atla├î┬üntico Sur y se establecio├î┬ü la fecha del desembarco entre el 18 y 22 de mayo. Thatcher tambie├î┬ün avalo├î┬ü la gestacio├î┬ün de la opcio├î┬ün ma├î┬üs extrema: eliminar el poder de destruccio├î┬ün del enemigo, el sistema de armas del Super E├î┬ütendard. Atacarlo en su punto de partida. (…)
Thatcher autorizo├î┬ü el ataque al continente luego de una proposicio├î┬ün de la Marina Real. La operacio├î┬ün requeri├î┬üa la participacio├î┬ün de una fuerza especial que, en una accio├î┬ün de alto riesgo, eliminara los aviones, los misiles y tambie├î┬ün a los pilotos. (…)
* Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA) www.marcelolarraquy.com
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