Pedro Juan Caballero - 1 de julio de 2026
el mundo

Radiografía de un violento de frontera

Publicado el 24/08/2017

El senador Roberto Acevedo mostró nuevamente sus hilachas de caudillo de medio pelo, prepotente, grosero y violento, al intervenir en la tarea del Ministerio Público en el marco de la investigación de ilícitos económicos en un negocio que ├óÔé¼ÔÇ£aparentemente├óÔé¼ÔÇ£ pertenece al círculo de amigos fi


Como si la actitud iracunda y payasesca del senador no fuera suficiente, nuevamente hizo su aparición también –tan energúmeno como el anterior– su hermano, el intendente de Pedro Juan Caballero, Juan Carlos Acevedo, ambos vociferando contra la actuación de la justicia y protegiendo la probable comisión de un ilícito comercial.

Los lectores podrían deducir lo fácil que es, con estas autoridades, lograr que una progresista comunidad como lo es Pedro Juan Caballero tenga una fama de violenta y conflictiva, porque tales actitudes empiezan por sus propias autoridades, que no es la primera vez que obstaculizan la labor de las autoridades del orden y los agentes de la justicia.

El senador Acevedo es el mismo personaje que fue tratado por periodistas y medios como un “gatito inofensivo” cuando ofrecían una bomba para acabar con Cartes en el intercambio de Whatsapp del “grupete” de senadores de la oposición. A nadie se le ocurrió que eso era peligroso.

El senador Acevedo, ese que una vez más impide que la justicia actúe en su coto político, es el mismo que durante la quema del Congreso formó parte del grupo de “senadores felices” que aplaudían como Nerón el incendio voraz del edificio.

El senador Acevedo es el mismo que fue elevado a los altares de la democracia en tales días por la prensa opositora al Gobierno de Horacio Cartes, misma prensa que años atrás develaba sus posibles conexiones con la mafia de frontera. (Cualquier duda consultar con Cándido Figueredo, corresponsal de Abc Color en Pedro Juan Caballero).

Todo un “demócrata de frontera” que se sostuvo todo el tiempo protegido por sus hábitos de santo en Asunción para convertirse luego en sus comarcas de poder en un déspota, capaz de amedrentar y someter con bárbaras expresiones y amenazas a los agentes del Ministerio Público, la Justicia y la Policía Nacional.

Los tres poderes del Estado tendrían que intervenir en este nuevo episodio del violento congresista.

El Poder Ejecutivo debe demostrar la fortaleza de su institución policial y no dejarse amedrentar por políticos encubridores de frontera. La

Fiscalía y la Justicia deben expresarse públicamente en favor de sus agentes y actuar en consecuencia, sin tener temor a las represalias políticas y el miedo que el efrainismo trata de inyectar en las instituciones con sus chicanas y escraches.

Y finalmente, es una prueba para el propio Congreso, a veces tan sensible, que sabe dedicar horas y horas a una mínima declaración del presidente Cartes, condenándolo poco menos que a la hoguera, pero –muchos de estos “demócratas– callan como cobardes a la hora de juzgar a los “chanchos de su mismo chiquero”.

Ojalá la ciudadanía sepa castigar en las elecciones internas y nacionales a los violentos de la política. El poder en manos de estas personas es un riesgo para la vida y los bienes de los ciudadanos honestos.

Editorial - La Nación
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