49 años sin Arsenio Erico, el más grande de todos los tiempos
Hoy se recuerda un nuevo aniversario de la partida de Arsenio Erico, el futbolista paraguayo más grande de todos los tiempos. Su talento, sus goles y su grandeza siguen desafiando el paso del tiempo.
El calendario marca un nuevo 23 de julio y, como ocurre cada año, el fútbol paraguayo vuelve a detenerse para recordar a su máxima leyenda. En esta fecha, pero de 1977, fallecía Arsenio Erico a los 62 años, dejando un legado que el tiempo no hizo más que engrandecer. Casi medio siglo después de su partida, su nombre continúa siendo sinónimo de excelencia, talento y orgullo nacional.
Dueño de una capacidad goleadora extraordinaria y de una elegancia pocas veces vista dentro del área, Erico brilló con luz propia como uno de los futbolistas sudamericanos más sobresalientes de su época. Su etapa en Independiente de Avellaneda, entre las décadas de 1930 y 1940, lo convirtió en un ídolo eterno del club argentino y en una referencia obligada para generaciones de delanteros.
Considerado por la FIFA como el mejor futbolista paraguayo de todos los tiempos, sus restos fueron repatriados el 25 de febrero de 2010 para descansar en el Mausoleo de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), un reconocimiento a quien llevó el nombre del país a lo más alto cuando el fútbol sudamericano comenzaba a conquistar el mundo.
Su genialidad quedó reflejada no solo en los goles, sino también en los innumerables apodos que despertó su talento. Lo llamaron El Saltarín Rojo, El Hombre de Goma, El Paraguayo de Oro, El Hombre de Mimbre, El Mago, El Aviador, El Duende Rojo, El Diablo Saltarín, El Rey del Gol, Mister Gol, El Hombre de Plástico, El Virtuoso y hasta El Semidiós.
Arsenio Pastor Erico Martínez nació el 30 de marzo de 1915 en Asunción. Hijo del italiano Guillermo Erico Paciello y de la villarriqueña Margarita Martínez, creció junto a sus hermanos Armando, Adolfo, Darío y Selva. Cursó sus estudios en la Escuela General Díaz y en el Colegio Natalicio de María Talavera, mientras daba sus primeros pasos con una pelota, sin imaginar que terminaría convirtiéndose en el mayor referente del fútbol paraguayo.
Su historia comenzó a escribirse en 1926 con el equipo Los Azules del Salesianito y, apenas cuatro años después, con solo 15 años, debutó en el Club Nacional de la Primera División. Aquel adolescente de movimientos distintos estaba destinado a cambiar para siempre la historia del deporte paraguayo.
Entre las muchas marcas que dejó como goleador figuran sus seis tantos marcados en una sola tarde, en 1935, contra Quilmes; los 47 goles en 34 partidos marcados en 1937 -cantidad hasta hoy no superada por ningún jugador profesional de la Argentina-; los 293 goles convertidos para un solo equipo, el Independiente de Avellaneda, con el que se consagró goleador absoluto, consecutivamente los años 1937, 1938 y 1939 con 47, 43 y 40 goles.
El legado de Arsenio Erico va mucho más allá de los récords. Representó el talento, la humildad y el patriotismo de un país entero. Fue un futbolista adelantado a su tiempo, admirado por rivales, respetado por compañeros y venerado por millones de aficionados.




