“Dime qué te duele y te diré qué trauma tienes”: marcas de infancia que repercuten en la vida adulta
La infancia es una etapa esencial de nuestra vida, porque refleja nuestra forma de ser adultos. De hecho, todo lo que nos sucede en este período puede tener consecuencias para nuestro futuro, especialmente las experiencias más negativas.
Los traumas son heridas emocionales a consecuencia de sucesos trágicos dolorosos o angustiosos vividos por el individuo, explicó en comunicación con nuestro medio, la psicóloga Paola Zapata.
“Muchos de estos traumas fueron sucesos que formaron parte de la infancia o también ya en la edad adulta, de la misma manera, generan una cicatriz emocional”, apuntó la profesional, señalando que dejan consecuencias en la vida, en algunos casos de mayor o menor impacto.
Al respecto, sostuvo que las mismas son como heridas producidas por un daño de gran impacto que, con el tiempo pueden sanar y curarse, pero como una cicatriz permanecerán sin generar dolor. Sin embargo, en otros casos estas no sanan, pueden seguir sangrando y desarrollar el mismo padecer.

Existen varios traumas que podrían afectar a la vida de un individuo:
* Rechazo en el seno familiar o en el colegio.
* Situaciones de violencia física o verbal en casa o en el colegio (bullying).
* Maltrato físico o psicológico por parte de los padres o en el colegio.
* Abusos sexuales.
* Humillaciones y vejaciones de cualquier tipo (físicas o verbales, incluyendo insultos).
* Negligencia en el cuidado por parte de los progenitores.
* Disfunciones, en general, en el seno familiar (por ejemplo, abuso de alcohol o de drogas por parte de los padres).
* Pobreza y exclusión social.
* Presenciar violencia física o verbal en el seno familiar (por ejemplo, violencia de género).
* Situaciones estresantes y sensación de inseguridad, por la incapacidad de los padres de gestionar conflictos.
* Separaciones o divorcios que no respetan las necesidades de los niños.
* Fallecimientos repentinos.
* Duelos patológicos.
* Desastres naturales u otro tipo de catástrofes (como una guerra).
Muchas personas no son conscientes de que algunos problemas de conducta o pensamiento son a causa de algún trauma no identificado, responsables de muchas de las inestabilidades emocionales, problemas de conducta, de autoestima, de ira, mala gestión de la frustración, somatizaciones y problemas sexuales.
“En algún momento de nuestras vidas nos habremos hechos preguntas como, ¿Por qué me tocó vivir esto?, ¿Por qué me siento así? o ¿Por qué a mí me afecta tanto esto o aquello? Y muchas veces no se encuentran las respuestas. Muchas de esas preguntas se deben a esos traumas de la infancia y heridas que afloran en la edad adulta”, acotó Zapata.
Algunas de las heridas de la infancia podrían marcar nuestra vida adulta y las máscaras utilizadas en ciertas ocasiones son mecanismos de defensa, ya que donde uno no se siente cómodo, debe recurrir a ellas para encajar en la sociedad.
Las heridas y las máscaras que se usan para taparla
* La herida del abandono: su peor enemigo es la soledad, ya que esto fue lo que más vivió en su infancia, teme volver a pasar, y el temor a la soledad hace que esté de pareja en pareja y viva en una ansiedad constante. El miedo al abandono también puede generar en el adulto la falta de compromiso, por temor a que, si se compromete, lo abandonen. La máscara utilizada sería ser dependiente.
* Herida del rechazo: es una de las heridas más profundas en la infancia, ya que genera en el adulto, miedo a ser rechazado. No se siente merecedor de afecto y vive con una constante culpa, difícilmente da el primer paso en tomas de decisiones o conversaciones. Luego, el otro polo, que algunas personas con este tipo de herida utilizan como revancha.
Se convierten en personas que son despreciativas con los demás, hacen de menos, como un mecanismo de defensa. La máscara utilizada sería ser huidizo.
* La herida de la traición: construyen personas que quieren tener todo bajo control, son desconfiadas, nunca nadie podrá hacer las cosas mejor que ellas, poca tolerancia. La máscara utilizada sería el ser controlador.
* La herida de la injusticia: una persona con esta herida presentará una vida estructurada, necesidad constante de perfeccionamiento, la falta de seguridad a la hora de tomar decisiones. La máscara rígida.





