El peligro de los psicópatas ciberterroristas que escudándose en pasajeros fueros atemorizan y destruyen para continuar capitalizando el poder
El personaje de hoy ├óÔé¼ÔÇ£ conocido como el "senarrata del Amambay", se caracteriza por su enfermiza doble personalidad violenta, con poco o ningún respeto por los demás. No mide acciones desmoralizantes ni consecuencias para llegar a su objetivo, que generalmente es el de destruir familias o social
No hace mucho este personaje fue definido acertadamente por un empresario local como un gran haragán que nunca trabajó en su vida ni sirvió para nada, a quien según dijo conoció descargando camiones de cigarrillos que ni contar derecho sabía.
Gente que lo conoce bien comenta que mata sus madrugadas de insomnio supuestamente conectado a la red persiguiendo a personas, movido por un sentimiento de inferioridad y culpabilidad, que lo atormenta por no tener los atributos que él estima ideales para sí mismo.
Un conocido profesional de la psicología del otro lado de la frontera, que nunca lo trató pero que definió su perfil por las reacciones que suele demostrar públicamente, dice que probablemente sus defectos intelectuales y emocionales producen en su ser interior un sentimiento de inferioridad que intenta compensar mediante el desarrollo de un peligroso complejo de superioridad.
Ese complejo de superioridad hace que viva en la ficción de tener valores, atributos y cualidades que en realidad no tiene, negándolos en los demás de manera defensiva y obsesiva.
Cuando aparece en su entorno una persona (la víctima) que sí tiene tales características contrarias a sus intereses, ello supone para el un verdadero choque con la realidad.
Su arma favorita de reacción es desarrollar el psicoterror contra quien sea. Su objetivo es hacer desaparecer, destruir a la víctima, porque sus capacidades o negativa de sometimiento a sus intereses suponen para él una desestabilización psicológica.
Este tipo de personas tienen una profunda alteración de la personalidad. Son seres que carecen de normas morales internas, que no dudan en eliminar a un posible competidor. Son individuos narcisistas, con un enfermizo complejo de inferioridad; pero que ante los demás, siempre está alardeando diciendo lo mucho que valen.
Estos sujetos tienden a rodearse de personas mediocres o sumisas que confirman esa idea que tienen de sí mismos y se prestan sin escrúpulo alguno para sus bajos fines.
Suelen ser personas poco brillantes; pero muy hábiles en la manipulación de los otros, tanto para conseguir su colaboración anónima y silenciosa por medio del miedo o del dinero, como para maltratar. Son expertos en debilidades humanas. Son auténticos psicópatas. Su mente, además, funciona al revés. Las lágrimas que producen compasión en cualquier ser normal; en ellos no.
Sus signos de debilidad acentúan su comportamiento agresivo. Estos psicópatas intentan humillar, anular, y aniquilar a su víctima.
Para lograrlo, no dudan en agredir verbal o físicamente e inventar todo tipo de rumores y calumnias. Así manipulan a los demás y propician su escrache público.
Son personas resentidas, frustradas, envidiosas, celosas o egoístas, teniendo uno, varios o todos estos rasgos en mayor o menor medida.
Están necesitadas de admiración, reconocimiento y protagonismo y lo que quieren es figurar, ascender al precio que sea o aparentar.
A diferencia de otros mantienen hasta el último momento contra los demás su sentencia condenatoria e incluso después, su propia convicción interna de no haber hecho nada malo.
Carecen de las habilidades emocionales que sus víctimas tienen, piensan que al destruir a su objetivo puede asimilar de alguna forma sus competencias interpersonales.
Este tipo de sujetos tiene una idea grandiosa de su propia importancia. Se proclama como el único que se atreve a luchar contra determinado fin, le absorben fantasías de poder, se considera especial y único, tiene una necesidad excesiva de ser admirado.
Tiene también una acentuada inmadurez emocional, carece de empatía (no se siente culpable por nada) finge que entiende los sentimientos y problemas de los demás, tiene actitudes y comportamientos extremadamente arrogantes.
En el comportamiento perverso de este tipo de personas se habla de que su perfil psicológico tiene las siguientes características:
Falta de empatía: son incapaces de ponerse en el lugar del otro, se centran en sí mismos pero buscan el apoyo de los demás. Son insensibles, incapaces de deprimirse y de experimentar auténticos sentimientos de duelo o tristeza.
En sus relaciones interpersonales ven al otro como a una amenaza, les falta humildad para aprender de los demás. Viven atemorizados por las capacidades de las personas que los rodean.
En muchos casos son irresponsables y carentes de sentimiento de culpa: tienen dificultades para tomar decisiones en su vida diaria y necesitan que otras personas asuman esa responsabilidad.
Se defienden mediante mecanismos de proyección y de negación de la realidad, le adjudican la culpa al otro. Es consciente de que no tiene sentimiento de culpa pero es un maestro manipulando este sentimiento en los demás a través de intrigas y mentiras.
Mentirosos compulsivos y sistemáticos en su máxima competencia. Suelen llevar una doble vida y rehacen su vida privada con facilidad porque se hacen pasar por víctimas.
Son impostores que fingen para dar imagen de buena persona. Se nota con claridad que mienten, pero sus mentiras son tan grandes y tan descaradas en público que las víctimas se suelen quedar anonadadas, paralizadas e incapaces de responder.
Megalomanía y discurso mesiánico: se colocan en posición de referencia del bien y del mal, tienen un falso discurso moralizante, exhiben valores morales irreprochables, y se presentan como personas sumamente religiosas. Tratan así de dar una buena imagen de sí mismos, a la vez que denuncian la supuesta perversión humana contra la que aseguran luchar.
Suelen tener cierta habilidad retórica pero su discurso es muy pobre, no son capaces de ser concretos y cuando lo intentan pasan al extremo de los detalles insignificantes y repetitivos.
Encanto personal: entran en relación con los demás a través de distintos medios para tratar de seducirlos. Se les suele describir como encantadores, de ahí la reacción de asombro de su entorno cuando son descubiertos en su crimen.
Esta capacidad de aproximación con su entorno social, generalmente a través de la política o la religión, está muy relacionada con su forma de mentir, suelen utilizar las historias de otros en las que se ponen a sí mismos como protagonistas sin la menor vergüenza.
Tienen un estilo de vida parasitario: sienten una envidia muy intensa hacia los que parecen tener cosas que ellos no tienen, sobre todo hacia los que gozan de la vida.
Son muy pesimistas y la vitalidad de los demás le señala sus propias carencias. Para afirmarse en su irrefrenable ambición de poder tienen que destruir.
Compensan su déficit de autoestima con el rebajamiento de sus víctimas y la exaltación de sus supuestas cualidades.
En el trabajo consiguen que los demás se lo hagan porque son incapaces de realizar tareas que otros harían sin la menor dificultad.
Este tipo de perversos pretenden por regla general tomar el poder mediante por la fuerza o por métodos fraudulentos y recurren a la fuerza física sólo cuando la seducción o el miedo que infunden dejan de ser eficaces.
Manipulación premeditada: no manipulan como haría un psicópata criminal. Tienne un objetivo meditado y deliberado: el poder.
La táctica del psicópata suele seguir siempre el mismo patrón: fase de estudio y evaluación, fase de manipulación y fase de confrontación.
Los sentimientos de inadecuación son los que llevan al psicópata a eliminar de su entorno lo que considera una amenaza.
Como también lo dijo el empresario citado al comienzo, este tipo de personas son muertos en vida, con quienes no se puede hablar.
Necesitan transmitir una imagen de buena persona, de honestidad para sobrevivir, y en su obsesión por mantener esta imagen se enmascaran, se lavan las manos y evitan en lo posible mancharlas con sangre, echando su responsabilidad a otros. (Si roban por ejemplo, dirán “yo no fui, fue mí secretario que abuso de la confianza que le di”.)
Están motivados por un deseo enfermizo de control sobre las personas que ejercen poder de decisión, sobre sus acciones y sentimientos, y por mantener algún tipo de conexión con ellas a través de la manipulación y control para someterlas y utilizarlas a su antojo para lograr un determinado fin, que puede ser político, económico o sentimental.
Para ello recaudan toda la información posible acerca de su víctima, fundamentalmente en aquellos aspectos que forman parte de su vida privada, laboral o profesional.
Una vez obtenida la información, estos enfermos inician el acoso. Si la información es suficiente, comenzará el asedio mediante los diferentes medios que tenga a su alcance.
A esta faceta se añade otra característica primordial, la de cobarde, ya que muchas veces se oculta supuestamente tras el aparente anonimato y falsificación de identidad que proporciona internet.
El fin último de esta clase de enfermos es el asesinato psicológico de la víctima, con el motivo principal encubrir su propia mediocridad, todo ello debido al miedo y la inseguridad que tienen de sus propias habilidades sociales, profesionales o políticas.
De este modo pueden desviar la atención o desvirtuar las situaciones de riesgo para ellos, colocando a sus víctimas como chivos expiatorios ante la sociedad.
La psicología cita como en la mayoría de los casos como protagonistas de este tipo de comportamiento a maridos adúlteros o traicionados, a empresarios, superiores, jefes o políticos de poca monta, apoyados a menudo por esbirros o sicarios.
La actuación de este tipo de personajes se da también en gran medida con la complicidad con un reducido entorno de adulones o personas de similares características con quienes materializa todo tipo de actos de hostigamiento gritos, insultos, reprensiones constantes, humillaciones, acusaciones falsas obstaculizaciones, bromitas, o apodos despectivos y insultantes.
Todo esto puede desembocar en un verdadero linchamiento psicológico de la víctima, que si es practicado entre todos los actores es muy difícil de probar, por lo que el asesinato psicológico habrá resultado perfecto.
Los agresores de este tipo abusan y se prevalecen corrientemente de su posición de poder jerárquico formal (fueros parlamentarios por ejemplo) pero del mismo modo recurren a su poder de tipo informal (los poderes fácticos) dentro de la sociedad para remediar sus frustraciones a través de la violencia psicológica sobre otros, compensando así sus complejos o dar rienda suelta a sus tendencias agresivas y antisociales.





