Mbappé, Celeste y el fútbol como poesía colectiva o estupidez: “La pelota sigue siendo inocente”
El senador Ignacio Iramain realizó una ponencia magistral este miércoles en el Congreso, donde contrastó las visiones intelectuales a favor y en contra del fútbol, denunció la corrupción imperante en sus organismos, los intereses que mueven a sus autoridades y lamentó que “el fútbol sigue siendo popular, pero ya no pertenece al pueblo”. Sin embargo, defendió: “La pelota sigue siendo inocente”.
Ignacio Iramain habló sobre la polémica relacionada con los dichos de Celeste sobre Mbappé y denunció la corrupción en el fútbol y los intereses mercantiles.
Foto: Edición ÚH.
El senador por Encuentro Nacional, Ignacio Iramain, quien había jurado en reemplazo de la expulsada por el cartismo, Kattya González, realizó este miércoles una magistral ponencia relacionada al fútbol y sus intereses, en plena sesión en el Congreso Nacional, en el contexto de la polémica por las declaraciones consideradas racistas de su colega Celeste Amarilla y la posterior respuesta del astro del fútbol, Kylian Mbappé, capitán de Francia y estrella del Real Madrid, lo que desencadenó en discusiones en el Congreso Nacional.
El legislador denunció la corrupción imperante en el fútbol, luego de contrastar las visiones que sobre él tenían el uruguayo Eduardo Galeano y el argentino Jorge Luis Borges, dos intelectuales que transmitieron su mirada hacia el popular deporte, que hoy está en foco debido a la disputa de la Copa Mundial de la FIFA 2026, que se disputa en Estados Unidos.
Iramain recurrió a esas visiones como frases introductorias a su ponencia, citando a Eduardo Galeano, quien había sellado en su libro El Fútbol a Sol y Sombra que “el fútbol es la única religión que no tiene ateos”, y a Jorge Luis Borges, quien –a decir del senador, “desde la vereda opuesta y con su lucidez aristocrática y desprecio por las multitudes”–, había dicho para la revista El Gráfico que “el fútbol es popular porque la estupidez es popular”.
El legislador remarcó estas dos frases para decir que “obviamente hay una gran tensión entre ellas”, debido a que “para unos, el fútbol es comunión y, para otros, es alienación”. Subrayó aún más ese contraste diciendo que unos lo ven como “poesía colectiva”, visión por la que aclaró él se inclina, mientras que otros lo consideran “un embrutecimiento de masas”.
“Quizás ambos veían una parte de la verdad”
Profundizó su análisis sobre lo que veían los intelectuales, siempre como introducción para realizar su denuncia. En ese sentido, indicó que Galeano, autor de obras como Las venas abiertas de América Latina y Memoria del fuego, “veía a ese niño pobre que iba detrás de una pelota de trapo en una calle de tierra”, o “a un obrero que después de una semana de explotación encontraba en 90 minutos una forma de dignidad”.
Destacó también que Galeano tenía una visión sobre el barrio, sobre el club y lo que representa, “a la camiseta heredada del padre, al gol gritado como si fuera una pequeña victoria contra la tristeza”, y que comprendía que el fútbol “no era solamente un deporte; era memoria, identidad, pertenencia y lenguaje universal de los humildes”.
Recordó, en contraste, que Jorge Luis Borges “desconfiaba de la multitud”, porque “temía que detrás del fervor popular apareciera la irracionalidad, la manada o la obediencia emocional”.
En ese sentido, dijo que el autor de El Aleph “no estaba completamente equivocado”, ya que, según Iramain, “cuando una pasión deja de ser cultura, deja de ser un bien cultural común, y se convierte en fanatismo, cuando la camiseta sustituye al pensamiento, cuando el grito reemplaza a la razón, entonces el fútbol puede dejar de ser fiesta popular y convertirse en un instrumento de manipulación, que es lo que estamos viendo actualmente”.
“Empapados de corrupción”
El senador opositor citó a la FIFA y todos los organismos internacionales para acusarlos de estar “empapados en la corrupción, no respetando siquiera las reglas propias, sino que a pedido de políticos cambia las reglas de juego”, en medio de las críticas hacia Donald Trump, que reconoció públicamente que solicitó al máximo organismo del fútbol y a su presidente, Giagni Infantino, que retrocedieran en una sanción contra un futbolista de Estados Unidos.
“El fútbol nació como juego pero se convirtió en industria. Algo que nació como pasión, se convirtió en mercancía. Lo que nació en los barrios, terminó administrado por las corporaciones”.
El legislador subrayó también que las actuales políticas mercantiles de la FIFA y otros organismos del fútbol, “terminaron con los clubes populares, que hoy muchas veces terminan capturados por corporaciones de millonarios, fondos de inversión, casas de apuestas, contratos opacos, derechos televisivos como monopolios, comisiones, intermediarios y organismos internacionales”.
De estos organismos, sostuvo que “se comportan menos como guardianes del deporte, que como administradores de una multinacional sin chimenea”.
“El problema no es que el fútbol mueva dinero; es que en este momento el dinero mueve al fútbol”, sentenció, para dar inicio a otro paralelismo sobre un fútbol con dos almas.
Las dos almas del fútbol
“Hoy el fútbol parece tener dos almas. Una, del pueblo, la de la pelota en el baldío, en la escuela de barrio, la bandera hecha de mano, esa alma siendo sagrada... Esa alma explica por qué el fútbol conmueve más que muchos discursos políticos, porque une donde la sociedad divide, porque iguala simbólicamente a ricos y pobres frente a la incertidumbre de una pelota o de un resultado”, reflexionó.
Sin embargo, advirtió sobre “otra alma, la del negocio sin pudor, la del dirigente que habla del deporte mientras negocia poder, la del organismo que predica transparencia mientras protege privilegios, la de la industria que vende épica pero compra silencio y la de los niños tratados como mercancía futura”, contrastó.
Es allí donde “la gran contradicción de nuestro tiempo” aparece, siempre según el senador: “El fútbol sigue siendo popular, pero ya no siempre pertenece al pueblo”.
Hay que rescatar el fútbol
Para Iramain, “no hay que destruir el fútbol, hay que rescatarlo”, además de la obligación de “defenderlo de quienes lo mercantilizan hasta vaciarla de contenido”.
“Hay que transparentar los organismos, hay que democratizar sus decisiones. Hay que proteger a los clubes formadores, hay que regular las apuestas, hay que controlar los contratos, hay que impedir que la corrupción se disfrace de gestión deportiva”
Subrayó además que es necesario recordar que un estadio “no es solamente una caja registradora”, sino un espacio de la comunidad que quiere administrar un bien común y quiere disfrutar de un bien común.
Otras cuestiones que se deben recordar, siempre según el legislador paraguayo, es “que un club no es solamente una marca, es una institución social” y que “una camiseta no es solamente marketing, es memoria colectiva”.
“Galeano tenía razón, el fútbol es una religión sin ateo, porque incluso quienes lo critican terminan reconociendo su poder simbólico”, reforzó.
Ya hacia el cierre de su exposición en la sesión, dijo que “entonces el fútbol no necesita menos pasión, necesita más decencia; no necesita menos pueblo, necesita menos corrupción; y no necesita menos emoción, necesita más democracia, más transparencia y más respeto, porque la pelota al final sigue siendo inocente”.
“Lo que se corrompió no fue el juego; lo que se corrompió fue el poder que aprendió a vivir de él”, analizó, para denunciar que “ese poder, así como se privatizan los estados, privatizó el fútbol, y hoy no sabe diferenciar lo que es esfera pública de lo que es esfera privada”.
“Por eso suceden estos ruidos que aparecen como bochornosos, pero que simplemente muchas veces manifiestan una pasión, que, para los jugadores debe quedar dentro de la cancha y, para los espectadores, dentro de los estadios. Y no trascender más de esas fronteras”, concluyó.
ultimahora.com









